Reflexiones en el marco del Primer

conversatorio de Violencia Obstétrica en Puerto

Guadal, Chile Chico

Por Yanara Farías Allende


Unas de las características de la Violencia Obstétrica es que queda en los subjetivo, ahí se aloja, ahí duermen para la ley, como si lo subjetivo no tuviese lugar activo, como sí realmente durmiera. Aquí es cuando la patologización gana terreno, la estandarización, la normalización de ciertas prácticas no da cabida a las multiplicidades, a las diferencias, a la mujer deseante, a un cuerpo que habla.

La cosificación del cuerpo en un estado forzosamente de apariencia  inherte no contempla la riqueza de sus matices; una mujer con historia, con un cuerpo, con sexualidad, en un contexto particular, en un territorio específico, en una cultura determinada. También los mandatos de género se encarnan en el cuerpo, dice Marta Lamas, donde el género es más que un poderoso principio de diferenciación social: es un brutal productor de discriminación y desigualdades. Las ideas y las prácticas de género jerarquizada social, económica y jurídicamente a los seres humanos. 


Ser sujetas implica hacer con aquello, ser sujetas también es encontrar en lo colectivo un lugar común, un acto político. La tarea clínica es también política, ya que requiere conectar la experiencia de vida del sujeto como una comprensión dialéctica, necesariamente reflexiva y crítica, de las redes de relaciones que lo han convertido en lo que es. 
«La singularidad del sujeto es una cuestión política»

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