Identidades, extractos de Anaëlle

Lebovits-Quenehen


Por Yanara Farías Allende


Si el psicoanalista debe tomar en consideración lo que su época le entrega como nuevos síntomas, debe sobre todo cuidarse de las sirenas que la ciencia hace escuchar como aquello que podría rectificar los errores de “la naturaleza”. Ya que la naturaleza tiene poco que ver con lo que hace la sexuación humana. 
Es por lo que Lacan, después de Freud, y a partir de lo que entrega la exploración de lo inconsciente -que está lejos de ser un simbolismo sexual universal- va a tomar una vía completamente diferente. Que haya desde el comienzo el hombre y la mujer, es una cuestión de lenguaje y es lo que ha permitido durante mucho tiempo soportar lo real del sexo que se define como un imposible de decir -sobre todo de decir aquel de la mujer-. Así insistirá Lacan que el lenguaje no podría reducirse solamente a la combinación de dos significantes, es decir a una binariedad, es decir hombre-mujer. Parece interesante recurrir a Lacan y ver cómo él recoge la cuestión de la sexuación. Despeja, abordando esta cuestión mediante la lógica, un goce femenino, por una parte, y un goce masculino por otro. Digámoslo de entrada, estos goces no se acomodan en lo absoluto en la anatomía. Lo que expone más bien es que del lado femenino, del lado del goce femenino, no hay un lugar para reivindicar la menor identidad. Esto por una razón muy simple: es que el goce femenino se presenta esencialmente como disarmónico al cuerpo y enigmático al sujeto.Disarmónico y enigmático, así vemos de entrada que no se presenta bajo una cara identitaria. Al contrario, más bien desharía las identidades. Entonces, se puede considerar que las identidades están hechas precisamente para absorber ese goce que se presenta como enigmático y disarmónico ya que la identidad presenta una totalidad. Desde esa óptica, que uno reconozca pertenecer a una identidad o a varias identidades no cambia en gran cosa a la cuestión. La identidad está hecha absorber y rechazar ese goce -que en sí no tiene nada de identitaria-. Consideremos entonces que si uno es cis, trans, intersexo, fluido, homo, hetero, y así, que se pertenezca a la mayoría, o que, al contrario, a una o varias minorías, nadie elimina de hecho ese rechazo, sino que ese rechazo es aun así más o menos dialectizable, más o menos radical y se lo puede tolerar más o menos bien que hay modos de gozar diferentes que existen al lado del nuestro. 
Si se considera que un análisis feminiza esencialmente a aquel que toma parte en él -feminiza en el sentido de Lacan-, es precisamente porque en un análisis las identidades tienen tendencia a evaporarse, con el fin justamente que el goce femenino se desprenda y que se pueda encontrar un uso satisfactorio de él. Entonces, en lo que concierne el goce femenino y masculino -ya que el uno no impide al otro-, esto no compete en lo absoluto de la anatomía, compete menos de una asignación que vendría del otro, de las hormonas, de la cirugía o de una decisión consciente del sujeto, sino más bien de una cuestión de una elección forzada inconsciente donde -como Lacan lo dice en su enseñanza- es una “insondable decisión del ser”. 
Nos estamos leyendo! 🌹 
——————————————Extractos de escritos de Anaëlle Lebovits-Quenehen /Revista Psicoanalisis Lacaniano


Rte
Arte: Jules Beranger (1899) Nou debout

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