Ideas encuentro 25 de noviembre

Por Yanara Farías Allende, Daniela Fuentes R., Francisca Gálvez, Antonia Hernandez & Camila Martínez


El espacio Mujer y Palabra surge a finales del año 2019, en medio de un estallido social con una fuerte presencia feminista. En este espacio-tiempo tan vertiginoso, donde las desigualdades no se escondían bajo una cara sin emoción a las 6 am camino al trabajo, sino que se hacían fuego, barricadas, cánticos, protesta. Pudimos ver y ser parte de cómo mujeres de distintos lugares se tomaron las redes sociales para decir, una a una, que habían sido abusadas. Tanto horror contenido en 10 capturas de pantalla subidas a un carrete de instagram. Tanta crueldad soportaron estos cuerpos en silencio hasta que algo, por fin, estalló.

Mujer y Palabra buscó ser un espacio que otorgara escucha, acogida, hospitalidad, sin desmentir la realidad social ni las desigualdades de género que teniamos en frente y que también nos atravesában. Fue así que postamos entonces por ser un espacio que ofreciera atención psicológica de bajo costo. 

Al día de hoy, mujeres de distintos lugares del país y del mundo nos han permitido escuchar sus historias. Mujeres de sectores vulnerables, lejanos, olvidados, han construido en este lugar y junto a nosotras un espacio para desenredar y tejer nuevamente los hilos.
Aún así, reconocemos que en este camino nos hemos topado con las violencias más crueles, explícitas y horrorosas, pero también con violencias que de no ser por los estudios de género no sabríamos nombrar, siquiera ver. 

¿cómo permitirnos posicionarnos desde un psicoanálisis que no considere estas cuestiones?¿qué tipo de escucha podríamos ofrecer si siguiéramos creyendo que el inconsciente está determinado universalmente? el deseo también se produce, y a nosotras como mujeres nos han enseñado a desear de determinadas maneras…y por lo tanto, a sufrir de otras.
Pero saber, reconocer y pretender actuar siempre desde allí lo reconocemos imposible. En tanto mujeres, también estamos atravesadas por eso que escuchamos en nuestras pacientes. ¿cómo no reproducir lógicas de poder?¿cómo acoger la violencia sin violentar las subjetividades?

Retomamos entonces la posibilidad de pensar las implicancias sobre la subjetividad, esta relación entre género y poder  que nos enmarca  en el campo – psicoanalítico- de la sexualidad, el erotismo, el deseo, el ejercicio de la violencia y porqué no también del amor. La construcción de un cuerpo histórico y sexuado situado en un mundo donde  históricamente no ha habido espacio deliberado a la posibilidad de la sexualidad, ni ha garantizado el encuentro con la ternura ni la comunidad,  hospedar la verdad y la ficción, discursos, palabras, actos, el sin sentido, la angustia y  la posibilidad del cuidado, entre otras cosas, pareciera que permite una nueva forma de relación con otres y con la realidad.   Aparece en la clínica -específicamente para nosotras en la oferta de un espacio abierto desde la perspectiva de género para un proceso psicoanalítico y posibilitado desde un costo accesible- relatos que evidencian la experiencia de la violencia dinámica en sus diversas dimensiones, y en los efectos subjetivos (formas de funcionar y malestar siempre singulares) la posibilidad de construir límites, un posicionamiento que proteja, que abra preguntas, que permitan al mismo tiempo hacer un perímetro como primera instancia, como si hubiese que sentar bases cuando la protección ha estado en peligro, al pensar la violencia como ejercicio de poder, donde la anulación (…)  por medio de diversas formas ha sido vivida. 

Un espacio con estas condiciones pareciera dar posibilidad de un nuevo enlace que permite armar nuevos relatos, organizar algo de la experiencia y posibilitar un porvenir. Sin embargo, es condición de posibilidad para lo nuevo; un nuevo espacio, estar advertidos de aquello que se pone en juego en cada vínculo, pensarnos como psicólogas en este mundo actual, interdependientes de la cultura y con nuestra propias formaciones nos ubica, de alguna manera, en un campo de batalla común, estamos presentes y viviendo en esta sociedad actual la cual ejerce y reproduce  violencia hacia la Mujer y hacia la diferencia, cuestión que se pone en juego también en un espacio terapéutico. 

Ante el orden que se ha instaurado sobre el deseo de las mujeres, en una cultura que muchas veces asume las subjetividades y siente el poder de poner en duda no solo lo que deseamos, si no, también lo que sentimos, se torna una tarea compleja encontrar lo propio y más aún las palabras para nombrarlo, donde la violencia en más de una oportunidad dificulta las condiciones de las aguas que se navegan, se vuelve una neblina, un oleaje y una tormenta avasalladora si lo que se encuentra es el silenciamiento, quitándole lugar al sentir, a la angustia, la rabia, las alegrías y como si fuese poco, al amor.

Parece prudente como analistas, situarse -no solo- en el lugar de “no saber nada” si no también desnaturalizar lo sabido, en otras ocasiones, acompañar a nombrar y estar advertidas  de cómo esto opera en la configuración de nuestras subjetividades, prestar palabras, señalar el horror al momento de escucharlo funcionando como el tercero de la apelación. Volviendo a la metáfora del perímetro y de la oscilación de las aguas, sería algo así como nadar juntas ante el riesgo de que la corriente nos arrastre a ambas ¿como salir a flote? 

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