Por Francia Ulloa
Desde mi sentido y experiencia, la clínica con mujeres es hoy un espacio de escucha, palabra y cuerpo. Es reconocer al cuerpo como un lugar que en si mismo guarda historia y memoria, y, por lo tanto, su retorno (al cuerpo) nos introduce a aquella historia, a aquella memoria registrada desde el olvido y desde el recuerdo, pero siempre registrada.
Hacer clínica con mujeres ha sido dar cuenta que cuando el olvido se hace presente el retorno al cuerpo es uno de los tantos caminos a la respuesta, porque la memoria emerge en forma de sensaciones, en lugares, en malestares, en sueños, en fobias, en silencios, en palabra … y ahí estoy yo acompañando en el ejercicio mutuo de observar, observar el contenido que guarda el cuerpo.
Hacer clínica con mujeres es recordar que también soy mujer, mujer que contiene en su cuerpo historia y memoria, es recordar que mi cuerpo también habita entre dimensiones políticas, culturales y sociales, y por lo tanto navega bajo las mismas opresiones-desigualdades. Entonces hago presente que la clínica con mujeres no es un acto unilateral, si no un encuentro en común: dos mujeres, dos cuerpos, dos historias, dos memorias que coinciden en marcas históricas que pesan sobre lo femenino.
Ante ello, la clínica con mujeres – siendo mujer – toma mayor relevancia, es un espacio de reconocimiento y observación mutua, en donde también se pone en juego la propia historia y memoria de quien escucha, es navegar acompañadas aquellas dimensiones socioculturales que muchas veces traspasan nuestros cuerpos, pero por, sobre todo, cuando me pregunto que es la clínica con mujeres no quiero olvidar que quien escucha no solo es una psicóloga, si no también, una mujer.
