Por Daniela Fuentes R. & Francisca Gálvez
Este escrito aborda la escucha en la clínica psicoanalítica desde una perspectiva critica y situada, en diálogo con una perspectiva de género. Surge a partir del estudio “La escucha: pensar y escribir la implicancia en la clínica psicoanalitica con perspectiva de genero” desarrollado en Fundación Mujer y Palabra, ubicado en Santiago de Chile. Dicho estudio buscó -y busca todavía- explorar cómo el género impacta en las formas de escuchar y pensar en el ámbito clínico.
La noción de estudio, inspiradas por la lectura de Erin Manning y de Silvia Rivera Cusicanqui -sociologa boliviana-, refiere aquí a un hacer colectivo, donde la lectura y la escritura compartida, grupal, se convierten en modos de creación intelectual común. Desde allí, a través de talleres que han sido presenciales y virtuales y que han sido llevados a cabo con tres grupos diferentes, las participantes, todas psicólogas y mujeres, exploraron qué significa escuchar. Al ser un grupo conformado unicamente por mujeres, no se pretende objetividad sino que más bien se trata de una apuesta -explicitamente declarada- por hacer visible la implicancia del género en el modo en que escuchamos y pensamos en el espacio clínico.
Para comenzar, proponemos que el concepto de escucha refiere a un acto activo, que demanda atención a los detalles, separándola del imaginario de la recepción pasiva de información. Además, dentro de la escena clínica, estaría profundamente ligada a la subjetividad, tanto del paciente como de quien se ubica en el lugar del analista, por lo que no puede ser abstracta ni descontextualizada. Como primera propuesta, siendo conscientes de nuestra identificación y relación con lo femenino, decimos que la escucha además se vería influenciada por cómo el género organiza nuestras percepciones, acciones y lenguaje, siguiendo lo propuesto por Teresa De Lauretis. Así, la escucha se convierte entonces en un acto que también es político, lo que la alejaría de la neutralidad técnica del analista, neutralidad que representaría un ideal de analista que siempre es blanco, limpio, europeo y académico.
En la medida que la escucha se va entendiendo desde estos lineamientos, es que nos interpela y surgen las preguntas sobre : ¿Desde qué lugar escucho? Qué escucho? A quien o quienes escucho? y qué dejo de escuchar?.
La escucha surge así como un gesto implicado.
Si como señala Ana María Fernández, los analistas no estamos ajenos a la producción social, interrogar las implicancias en la escucha es una tarea política. Puesto que, esta acción, escuchar, visibiliza lo que hasta ahora podría estar naturalizado y/o invisibilizado.
Si ser mujer no es un dato natural sino una posición que se construye, la escucha que ofrecemos en nuestros espacios de atención no puede ni debe pensarse separada de los discursos y tecnologías que organizan nuestras percepciones y acciones, incluso nuestro lenguaje, en virtud del colonialismo, el capitalismo, el patriarcado y las diferentes estructuras e instituciones que oprimen a los sujetos.
En esta línea quisiéramos presentar aquí uno de los hallazgos significativos de esta experiencia. La emergencia de la figura de la niña buena. Para ir abordando las preguntas sobre qué escucho, desde donde escucho y qué dejo de escuchar, se presenta un caso clínico real donde una mujer refiere nunca haberse comportado como una niña pues era muy desordenada y contestadora cuando pequeña. En el total de los tres grupos que participaron de este estudio, ninguna psicóloga, analista, interrogó o abrió la pregunta sobre qué es ser una niña. Así es como mediante el diálogo y la reflexión colectiva identificamos algo en común para todas: aquellos mandatos, asociados al género y a nuestro sexo, profundamente arraigados desde nuestras propias infancias.
No interrumpir, no molestar, no intervenir. La frase “calladita te ves más bonita”. Esta figura revela cómo el lugar de la mujer como oyente, como quien escucha, ha estado ligado históricamente a una forma de pasividad que aún todavía tiene efectos en nosotras. Una marca colonial, definitivamente, pues en nuestros pueblos las mujeres tienen un rol muy distinto, son mensajeras, sus sueños guían a la comunidad pues su conocimiento es pilar en la vida en común. Esta escucha silenciada, que culturalmente se celebra y en los espacios psicoanaliticos tambien, se convierte también en obstáculo clínico pues limita la capacidad de intervención, transformación y creación de las analistas, pues al mismo tiempo dialoga y refuerza el ideal de neutralidad del psicoanálisis clásico, reproduciendo cierta orientación hacia la higienización de los espacios de escucha, pues la analista no puede ni debe aparecer. Esto es problemático, puesto que en cierto punto escapa de nosotras aún cuando conscientemente sean otras nuestras luchas. Nuestras subjetividades han sido construidas en este territorio con estas marcas particulares de dominación y transformar algo de eso requiere tiempo, paciencia y determinación.
La niña buena no es solo una categoria externa sino que impregna la subjetividad. Este reconocimiento lo hacemos para destacar la necesidad de entender la clínica no como un espacio aislado sino como un lugar donde las construcciones de genero se reproducen y, en lo posible, se deconstruyen siempre desde la voluntad.
Cuando hablamos de interdisciplina e invención ante lo escaso, quisiéramos contarles que dentro de este estudio se abordó mediante la escritura libre la pregunta ¿Qué y desde cuando escucho? Que hoy es parte del titulo de este escrito.
Este ejercicio permitió una exploración un tanto más profunda de las trayectorias historicas y subjetivas de cada participante, permitiéndonos continuar identificando las resonancias culturales y territoriales que se entretejen al ocupar el lugar de quien escucha.
Una de las participantes recordó cómo, de niña, observaba a su madre y abuelas escuchar a otra mujer quien les leía las cartas. Ella como niña podía estar allí pero en silencio, observar pero no preguntar. Este ejercicio no sólo nos permitió una reflexión biográfica en cuanto a lo propio que ha sido ligado al escuchar, sino que también nos permite un analisis colectivo en el que se interrelaciona lo biográfico, lo histórico, lo político y lo clínico.
Este proceso de asociación de significantes nos recordó a la lógica del trabajo con el sueño en psicoanálisis, pues rompe con las lógicas hegemónicas sobre la producción de conocimiento.
Siguiendo la lectura de Leticia Cantú, psicoanalista mexicana, la escucha se enlaza con el territorio que habitamos, pues el lugar de quien escucha no sólo se formula desde la formación académica sino que tambien desde la historia encarnada, la experiencia vivida. Nos adentramos a preguntarnos sobre ¿Cuánto lugar le damos, cuando pensamos en lo que nos ha llevado a escuchar a otros, a las mujeres que han leído el tarot en nuestros barrios y villas y que escuchan lo que nadie más quiere o puede escuchar, brindando sostén, brindando palabra, brindando espacio? ¿Por qué la peluquera de nuestras calle, que escuchaba a todas las vecinas con sus dramas amorosos no se cuenta como referente de escucha? Por qué nuestros pueblos y sus voces silenciadas no se piensan como parte de las cuestiones que se ponen en juego a la hora de escuchar hoy en día?. El saber no sólo se construye en la universidad y tal vez es parte de nuestras colonizaciones internalizadas el que no legitimemos todavía otras fuentes de conocimiento cuando pensamos en sus conceptos y en su técnica.
En este sentido, quisiéramos plantear una forma de saber situada, propia de las realidades latinoamericanas y que cuestiona cómo se legítima nuestra trayectoria y qué valor se le otorga. Este enfoque subraya que el saber en la clínica debe ser reconocido en su contexto y en relación con las realidades sociopolíticas y culturales.
Para finalizar, y volviendo al punto sobre el cual se articula esta mesa, la escucha implicada trasciende lo técnico y se constituye como un acto ético y político. Es un medio para intervenir, legitimar y acompañar, promoviendo la hospitalidad y el lazo social. Las experiencias grupales nos muestran que el colectivo facilita la emergencia de cuestiones inconscientes que mediante su identificación nos permiten tensionar comprensiones cerradas y visibilizar detalles ignorados. Este tipo de trabajo, de articulación y creación fomenta el pensamiento critico y la invención, funcionando como un acompañamiento activo en la producción de sentido y resistencia frente al opresión actual e histórica que sufren nuestros pueblos.
Al trabajar en la implicancia mediante la lectura grupal y la escritura creemos que la escucha termina ligada también a la creación, ya que permite bordear lo real y el vacío como plantean Freud y Lacan. Trabajada en grupo y mediante ejercicios creativos, como puede ser escribir libremente a partir de una pregunta, se genera un “saber hacer” diferente con aquello que insiste, capaz de integrar diversas formas de conocimiento.
Pensar y escribir sobre la escucha, anclado en la propia historia y en diálogo con saberes de otras disciplinas es una apuesta decidida por la Interdisciplina, por un psicoanálisis que lo comprende y lo integra como un cruce vital que sostiene el trabajo clínico incluso con recursos escasos.
Esta apertura interdisciplinaria facilita la integración de diversas formas de conocimiento, incluyendo aquellas arraigadas en la experiencia, la memoria y la colectividad propias de las realidades latinoamericanas. La invención, en este contexto, no solo es una estrategia ante la precariedad, sino una manera de insistir en el lazo, en lo común y en la potencia de seguir escuchando como acto ético, político, situado y de resistencia ante la hegemonía del saber. Esto contrasta según nuestra visión con una escucha higiénica, blanca, desprovista de huellas, marcas e historia. Esa escucha, para nosotras, sería una escucha empobrecida y autocensurada y que ignoraría la riqueza de los saberes situados.
*Este escrito formó parte del programa de Jornadas Ameghino 2025. Clínica, política y Derechos humanos. Realizadas durante noviembre en la ciudad de Buenos Aires, Argentina.

Referencias:
- Cantú, L. (2021). ¿Es posible pensar el dispositivo psicoanalítico por fuera de la epistemología privilegiada? En S. Campbell, L. Cantú, & M. Hernández (Eds.), El dispositivo psicoanalítico (pp. 61-71). Litorial Editores.
- Dufourmantelle, A. (2022). La potencia de la dulzura. Nocturna Editora.
- Fernández, A. (2022). Psicoanálisis de los lapsus fundacionales a los feminismos del siglo XXI. Paidós.
- Fernández, A. (2014). La indagación de las implicaciones: Un aporte metodológico en el campo de problemas de la subjetividad. Revista Sujeto, Subjetividad y Cultura, 7, 1-16.
- Freud, S. (1915). Conferencias de introducción al psicoanálisis. (2012). Obras Completas. Amorrortu.
- Lacan, J. (1972-1973). El seminario, libro 20: Aún. (2012). Paidós.
- Lugones, M. (2011). Hacia un feminismo descolonial. La manzana de la discordia, 6(2), 105-119.
- Manning, E. (2025). El gesto menor. Cactus.